Esos locos chiquitos…

He quedando mirando, largamente, la foto que Cebaldo escogió para la Luna Llena de agosto. El contexto es un viaje por las costas de Armila, al este de Kuna Yala, y el enfoque un grupo de niños que nos “acompañan para la foto”. Cómo olvidar el momento, el encuentro con niños-niños de verdad.

Un recuerdo lleva a otro. Esta vez en Ustupu, comunidad insular al centro de la Comarca Kuna. De pronto tronó el cielo sobre la isla y un aguacero de esos con rayos y centellas destapó de una sola vez el agua contenida en las nubes. Todos, absolutamente todos los adultos corrieron a esconderse bajo techo; y en dirección opuesta corrieron los niños.

Ellos recibiendo felices y saltando de alegría, la lluvia en las calles tomadas. Los adultos evitándola como si fuera radiactiva.

Niños y niñas salen a jugar y a recibir las caricias de las nubes y del cielo

Niños y niñas salen a jugar y a recibir las caricias de las nubes y del cielo

 (Cebaldo) Me acuerdo de ese instante de la lluvia y de los niños saliendo a jugar y a recibir las caricias de las nubes y del cielo. Y nosotros los adultos corríamos a refugiarnos en algún techo o buscábamos un paraguas. Ellos continuaban danzando con el agua. Jugaban desnudos y yo recordaba este ritual infantil que viví en mi niñez y que entonces, ya adultos, no nos atrevíamos a revivir, porque fuimos perdiendo la inocencia y mas bien nos sentíamos sitiados por la lluvia…

Y son los olores, los colores y sabores de las frutas y peces, los que marcaron definitivamente mi infancia. Porque con ellas también llegaron otros descubrimientos y asombros. Y es que los primeros gestos de amistad, los primeros amigos, llegaron oliendo a frutas y a mar.

Recuerdo , también, que por la aldea andaba un grupo de kunitas, pequeñas bandas buscando dónde quedaban las cañas de azúcar después del trapicheo, para rematarlas y disfrutar de su jugo. Otras veces se juntaban para ir al río, muchas veces a escondidas, para bañarse, recoger mangos y otras frutas y atrapar algún que otro cangrejo o algún pez… ¡Ceremonias de frutas y complicidades!

(Jorge) ¿Qué sería de la humanidad y del mundo si solo existiera nuestra seriedad de adultos?

Aquí uno podría desbarrancarse por la alegoría y el lenguaje poético porque qué duda cabe que es gracias a los niños que el Sol sigue saliendo, los árboles creciendo y la esperanza, terca, no nos quiere abandonar nunca.

Decimos “niños”, así, genéricamente, pero son niños y niñas… Además, si ellas ¡hasta gatean con más elegancia! Ambos hemos tenido, Inawinapi, la fortuna de ser padres de niñas.

“..qué duda cabe que es gracias a los niños el Sol sigue saliendo, los árboles creciendo…”, Fotografía de Abadio Green

“..qué duda cabe que es gracias a los niños el Sol sigue saliendo, los árboles creciendo…”, Fotografía de Abadio Green

 (Cebaldo) Para ellos y ellas todo es descubrimiento, sorpresas diarias, un mundo de maravillas. Desde el vuelo de las aves, las frutas compartidas (el mango en todo el cuerpo), las lombrices de la tierra, el olor de un pez, una anguila que se mueve, las estrellas fugaces, las palabras de la abuelita o del tío cuentacuentos, las risas y carcajadas de las vecinas o de las tías, el lenguaje de las nubes y sus figuras… Y esta capacidad de coleccionar todo, desde la arena en el bolsillo, hasta cartas que no se leen pero se huelen.

Una vez conocí una niña que coleccionaba palabras que no conocía, pensé que sería para crear su propio diccionario o para aprenderlas, pero me dijo: “Es para prestarlas o regalarlas a un amigo cuando las necesite, o para compartirlas juntos”. Y los niños que enamoran paisajes, para seguir disfrutándolo u ofrecerlo a su mejor amigo en forma de cuento, en forma de dibujo…

(Jorge) No faltarán adultos que crean que la infancia es una etapa más o menos inútil y que mientras no se enfermen, no sean respondones y hagan sus tareas antes de dormir, suficiente con los niños. Tan útiles para ellos la TV, los celulares y demás aparatitos postmodernos con qué ocuparlos. Qué manera de desprestigiarlos, siendo de nuestra especie lo más lleno de encanto. ¡Qué etapa de la vida para útil y sagrada!

“Sean como niños”: la exigencia más radical, exigente y revolucionaria de los Evangelios.

Ojala algún alma caritativa nos advirtiese - temprano, antes de entrar a la edad adulta - que en lo que vamos creciendo guardemos para siempre en el corazón y bajo siete llaves, un pedacito de infancia.

(Cebaldo) Aprendamos a “entender” lo que dicen los niños, a tratar de sentir el mundo, de verlo, a través de sus ojos. Para no tener miedo a las preguntas. Ellos no tienen miedo de preguntar y no buscan las llamadas verdades, que los adultos llevamos como cargas. Por eso la curiosidad es una de sus virtudes. Y vamos creciendo y perdiendo la capacidad de asombro, de curiosidad, de hacer preguntas, y no sentimos dueños absolutos de la verdad y de las palabras….y así vamos ordenado el mundo, con nuestras supuestas verdades. ¡Y vemos los resultados! ¡Un mundo en caos!

Decía alguien que de adultos deberíamos tomar clases de Infancia, educación sobre el arte de ser niños. Y ellos, los niños, serían los maestros, los profesores, ¿Por qué no? Y así poder recuperar nuestra capacidad de preguntar, de inventar colores, de pintar sin querer ser un gran pintor. De jugar esos juegos de la infancia o de siempre.

¿Será que un adulto, de estos que provocan guerras, que “hacen estremecer” los mercados, que quieren mandar siempre… se atrevería a recibir clases de Infancia?

 
marcha contra la invasioìn de Irak
 

Luna Llena de Septiembre (25.09.2018)

(Bajar Luna Llena de Septiembre PDF)

Jorge y Cebaldo

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